miércoles, 17 de julio de 2013

Aprendizajes Emergentes y Pedagogías Invisibles por David Álvarez

La Sociedad espera de nosotros un nuevo tipo de ciudadano cuyas dimensiones social y profesional  integren con naturalidad lo virtual y lo analógico, con la certeza de que de lo más real que hay en nuestra vida es lo que vivimos en Internet.
Y a su vez este tipo de ciudadano necesita de una nueva escuela donde aprender a gestionar una identidad híbrida. Además, y más que nunca, la escuela ha de ser un espacio para forjar ciudadanos movidos por el bien colectivo y con actitud crítica y no simplemente un edificio donde preparar  trabajadores, porque igualmente las fronteras entre lo laboral y lo no laboral son cada vez más difusas.
Pero basta con acercarse a cualquier centro educativo para comprobar que, en líneas generales, poco ha cambiado en los últimos 100 años: ni los espacios, ni las formas de organizarnos, ni el currículo, ni las metodologías, ni para qué y cómo usamos la evaluación,…
Ciertamente de un cambio de modelo educativo se viene hablando desde hace cuatro décadas pero es ahora, en la segunda década del Siglo XXI, cuando las tecnologías han madurado lo suficiente para ofrecernos la oportunidad de acelerar ese cambio y construir un modelo de educación acorde a nuestra nueva realidad.
Esta madurez tecnológica, especialmente en las llamadas tecnologías sociales, han trasladado el foco de los modelos centrados en la interacción entre el aprendiz y la tecnología a los modelos donde los aprendices interaccionan entre sí, en espacios no jerárquicos, con la tecnologías como soporte de esta interacción, y nos han ayudado a confirmar que el aprendizaje es una actividad social.
En este contexto tecnológico que las instituciones educativas han decidido ignorar [se siguen prohibiendo los móviles en el aula o se capa el acceso a redes sociales] están emergiendo nuevas formas de auto-organizar los procesos de aprendizaje, en la frontera del aprendizaje informal, del DIY Learning, a través de Comunidades de Práctica o Comunidades de Aprendizaje que han puesto en jaque a los grandes programas de formación corporativa.
Estos aprendizajes emergentes, a los que Jay Cross se refería en 2004, no solamente fuerzan a las organizaciones educativas a reinvertarse, sino que además cuestionan el rol del docente, pasando de ser el recipiente  y garante del conocimiento, para convertirse en un hombre orquesta dentro de su aula: curator, community manager, DJ,…
Algunos docentes han entendido que la clave para esta gestión del cambio es adoptar el rol de aprendices permanentes, conocer las claves de aprendizaje que mueven sus PLE, y trabajar en la construcción del PLE de su alumnado, un PLE donde el aprendizaje en red juega un papel clave en estos nuevos modelos de aprendizaje mediados por las tecnologías, y del aprendizaje en red a las redes de aprendizaje hay tan solo un pequeño salto.
Para el profesorado trabajar el concepto de PLE supone asumir el reto de hacer pedagogías invisibles, es decir revisar las trampas de los aprendizajes explícitos para visibilizar los aprendizajes invisibles o informales, y nuevamente situar al alumnado en el centro del proceso de enseñanza y aprendizaje.
Afortunadamente [algo vamos avanzando] quienes han sido capaces de reflexionar sobre su práctica docente y cambiar aquello que no funciona han dejado de sentirse como los frikis de su claustro para tener claro que son quienes mejor preparados están para educar a los ciudadanos del siglo XXI con la premisa de que la educación no es una preparación para la vida, sino que es la vida misma.